Mientras la madura Sunny se sumergía en el cálido abrazo de la ducha, su mente no pudo evitar pensar en juegos a solas. El agua caliente que caía en cascada por su cuerpo desnudo la llenaba de deseo, y pronto se encontró buscando su fiel consolador. Con cada embestida, sus gemidos resonaban en las paredes, una sinfonía de placer. No había nada como un poco de tiempo a solas para acelerar su corazón.