Mi marido pensó en darme un masaje, pero en cuanto vi al masajista, supe que quería algo más que un masaje de espalda. El tío estaba buenísimo y sus manos eran una pasada. Mientras me masajeaba, sentía cómo mi coño se humedecía cada vez más. Me di la vuelta, dejándole ver todo, y ahí fue cuando la cosa se puso seria. Sacó su enorme polla y, sin darme cuenta, le estaba haciendo la mamada más húmeda que te puedas imaginar. Me la metió hasta la garganta con fuerza y luego se corrió por todas mis tetas enormes. Joder, fue el mejor masaje de mi vida.
11:05
7:00