Está desnuda, de rodillas, con los ojos como platos mientras contempla la polla monstruosa que tiene delante. Él sonríe, agarrándole un mechón del pelo. "¿Quieres saber hasta dónde puede llegar esta polla enorme, zorra?", la provoca. Ella jadea mientras la empuja hacia abajo sobre su grueso eje, tomándolo centímetro a centímetro. Su coño se aprieta, ya empapado, esperando su turno. Él le folla la cara, su enorme polla desapareciendo en su garganta. Ella siente arcadas, las lágrimas corren por su rostro, pero le encanta. Él la aparta, inclinada sobre la cama, con el culo al aire. Su enorme polla presiona contra su coño empapado. "Ahora veamos hasta dónde puede llegar en este agujero caliente", gruñe, embistiéndola. Ella grita, tomando cada centímetro. Su apretado coño agarra su polla, sintiendo cada vena gruesa mientras la estira. La embiste con más fuerza, sus pesados testículos golpeando su clítoris. Su cuerpo se estremece al explotar, gritando a través del orgasmo. Él no ha terminado, volteándola, sus tetas rebotando. Él empuja sus piernas hacia arriba, su enorme polla deslizándose de nuevo en su coño palpitante. Se inclina, follándola profundo y lento. "¿Lo sientes, zorra? ¿Es lo suficientemente profundo para ti?", susurra, lamiéndole la oreja. Ella gime, perdida en el intenso placer. Sus músculos se tensan mientras la perfora más rápido, buscando su liberación. Cuando se corre, es una inundación, llenándola por completo. Se retira, rodándola, su semen caliente goteando de su coño abierto. Sonríe al ver el desastre que ha causado, una última bofetada aterriza en su jugoso culo. "Te dije que era profundo, zorra".