La pequeña Nicky, una rubia guapísima, está sola en casa, cachonda como una cuba. Agarra su consolador de cristal favorito, porque le encantan esos juguetes duros y suaves. Esta amateur sabe lo que hace: se frota el consolador contra el clítoris y se lo mete hasta el fondo. Su coño gotea, sus gemidos resuenan, convirtiéndose en un chorro explosivo que la empapa a ella y a las malditas sábanas. Rubia, mojada y salvaje, Nicky es un sueño para los amantes de la masturbación.
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