Mi hermanastra adolescente juraba que solo le gustaban las chicas, pero cuando vio mi enorme polla negra, le picó la curiosidad. Este festín interracial amateur empezó cuando me vio acariciando mi polla monstruosa una tarde. Lo siguiente que supe fue que estaba rogando por verla de cerca. Me bajé los pantalones y sus ojos se abrieron de par en par al ver mi gruesa anaconda negra. Extendió la mano con cautela, rodeándola con su pequeña mano, sintiendo su peso. Pude ver la lujuria en sus ojos cuando empezó a acariciarla, se le hizo la boca agua. Se puso de rodillas, mirándome con esos ojos inocentes, y luego se la metió profundamente en la boca. La follé con fuerza en la cara, haciéndola atragantarse con mi polla. Le encantó, la saliva goteando por su barbilla. Luego, se puso a cuatro patas, lista para una follada a cuatro patas. Me embestí contra su estrecho coño, estirándola. Sus fuertes gemidos llenaron nuestro apartamento; porno casero en su máxima expresión. La follé duro y profundo, haciéndola gritar y maldecir, suplicando más de mi polla monstruosa. Se corrió con fuerza, pero aún no había terminado. La volteé, listo para correrme sobre su linda cara. Se abrió de par en par, suplicando mi semen.