En la calle Figueroa, entrada la noche, la mirada lasciva de un desconocido se posa en una joven solitaria. Anhelando contacto humano, se entregan a sus deseos, convirtiendo la calle vacía en un patio de recreo ardiente. Frotándose, gimiendo y follando como animales en celo, se satisfacen mutuamente de maneras que solo los desconocidos pueden. Sin nombres, sin ataduras, solo sexo crudo y apasionado.