Mientras admiraba su delgado cuerpo, mi imaginación se desbocó. Me rogó que hiciéramos un juego de roles, así que respondí con un joi travieso. "¿Puedo sentarme en tu regazo?", pregunté, mordiéndome el labio. Sus habilidades amateur lo hicieron todo aún más apasionado. Exploramos nuevas sensaciones, mientras él se alzaba sobre mí.